viernes, 6 de febrero de 2015

Cuando Dios besó la cara de una mujer

                                                                     

Por Euglidys Medina/@Eumedina




Una creencia budista reza que hay partes del cuerpo a las que la mente -entiéndase como espíritu, energía o alma- no puede dejar ir tan fácil, como por ejemplo el corazón o los genitales. En Massachusetts un estudio científico demostró que el cuerpo humano tiene un peso diferente antes y después de la muerte, 21 gramos menos.

A este experimento le llamaron la "teoría del peso del alma". El doctor Douglas MacDougall afirmó en 1972, luego de realizar varias pruebas con moribundos, que toda persona pierde 21 gramos en el último minuto de su muerte, otorgándoselos al alma o el espíritu que se ha desligado del cuerpo físico del humano.

El espíritu o alma de Audrey Kathleen Ruston, mejor conocida como Audrey Hepburn -actriz británica de la época dorada de Hollywood- tuvo, sin dudas, que haber pesado más de 21 gramos. Se trata de una mujer que lo dio todo por el bienestar del prójimo.«Al madurar en edad, descubrirás que tienes dos manos, una para ayudarte y otra para ayudar a otros», decía. 


Vivió una juventud perturbadora. Los bombardeos de la II Guerra Mundial se hicieron parte de su día a día, razón por la que posteriormente sufrió de problemas respiratorios. Cuerpos mutilados, fusilados y humillados, fue a lo que sus ojos de niña se acostumbraron a ver.

En 1991 dijo, haciendo referencia a Ana Frank, «Vimos fusilamientos. Vimos a hombres jóvenes ponerse contra la pared y ser tiroteados. Cerraban la calle y después la volvían a abrir y podías pasar por ese mismo lugar. Tengo marcado un lugar en el diario, en el cual Ana (Frank) dice que han fusilado a cinco rehenes. Ése fue el día en que fusilaron a mi tío. En las palabras de esa niña yo leía lo que aún sentía en mi interior. Esa niña que había vivido entre cuatro paredes había hecho un reportaje completo de todo lo que había vivido y sentido».

Complementa su experiencia con estas palabras: «El espíritu de supervivencia es muy fuerte en las palabras de Ana Frank. En un momento dice “estoy deprimida” y al siguiente te habla de que quiere montar en bici. Ella es la muestra de una infancia en terribles circunstancias», las mismas en las que creció la actriz. 

Billy Wilder -director de cine y productor cinematográfico- dijo sobre Hepburn: «Lo que realmente se necesita para ser una estrella es un elemento extra que Dios te da o no te da. Es algo con lo que naces. Algo que no se puede aprender. Dios la besó en la mejilla, y allí surgió ella. »

Y así se quedó, como la mujer que fue besada en la mejilla por el creador, la niña que nació en Bélgica, superó los estragos de la Segunda Guerra Mundial, estudió ballet, fue corista, se enamoró como nunca del cine, protagonizó la obra de Brodway "Gigi" y posterior a esto inició una vida de éxitos, en la que en su actuación del papel principal en Vacaciones en Roma resultó ganadora del Oscar a la mejor actriz. 


Sabrina (1954), The Nun's Story (1959), Breakfast at Tiffany's (1961), Charade (1963), My Fair Lady (1964) y Wait Until Dark (1967) son algunas de las películas que realizó impecablemente, adaptándose a cada personaje, haciendo de una monja, de una ciega, de una mujer de granja, de india, de princesa, de todo lo que se propuso hacer la chica de las cejas gruesas y el corazón gigante.

Según su biografía en Wikipedia, Hepburn recibió nominaciones a los premios Óscar, Globo de Oro y BAFTA. Se le atribuye el hecho de seguir siendo una de las pocas personas que han ganado un Óscar, un Emmy, un Grammy y un Tony.


De espíritu grande, evoca a las palabras del trovador Facundo Cabral, quien decía que la humanidad es un solo ser y que de individuo en individuo se llega a la totalidad, ella lo sabía, pues terminó convirtiéndose en filántropa.

Dedicó gran parte de su vida a la Unicef. Trabajó en algunas de las comunidades más profundamente desfavorecidas de África, América del Sur y Asia entre 1988 y 1992. Diagnosticada de cáncer apendicular no dudó en seguir visitando estos lugares, cargó niños, besó mujeres hambrientas, abrazó de noche, y dio luz en los sitios más olvidados.

La bondad que la caracterizó atravesó su corazón al presenciar tanta injusticia, finalmente, estas visitas empeoraron su situación de enferma, por lo que murió muy pronto, a los 63 años en su casa de Suiza.

Audrey Hepburn es una santa, un ser iluminado que puso su mejilla muy cerca del cielo para que Dios no dudara en besarla. 



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