Alí Bello
Con sus 67 años de edad el pintor barcelonés
Enrique Maigua, asegura que no tiene idea del tiempo que ha pasado desde la
primera vez que realizó una obra de arte. “El pez nunca sabe cuándo bebe agua”.
De lo que sí está seguro es que su amor, pasión y dedicación por la pintura y
poesía comenzó desde niño.
El cantar de personas, las luces de la ciudad y el
sonido de los autos nunca los escucho desde recién nacido, pero si recuerda imágenes
de un cielo estrellado, de la luz de la luna y del sol, las risas contagiantes
de los niños, así como el cantar de los pájaros. “Las aves de la plaza Bolívar
siempre han sido mis fieles amigos, ellos conocen toda mi vida”.
Con el pasar de los años, la vida dio las vueltas
necesarias que lo llevaron a la capital de Anzoátegui, Barcelona, donde ha
vivido la mayor parte de su vida y se hizo conocido como artista plástico.
“Barcelona es mi barrio, mi pueblo, siento que nací y moriré en esta ciudad”.
Maigua cuenta que nunca se vio interesado por
salir a una discoteca, beber licor o estar rodeado de amigos, pues la necesidad
de buscar alimento y tener un techo donde vivir le mantenía la mente ocupada.
En sus tiempos libres pintaba con óleo, escribía
poemas y tomaba fotografías con una cámara de rollo. “la fotografía es un arte
que siempre me llamo la atención”.
La inspiración que lo mueve a plasmar en lienzo
imágenes únicas ha sido fortuita.
Maigua explica que en la mayoría
de las oportunidades, las cosas más sencillas y pequeñas que lo rodean, le
activan la musa que le permite crear cuadros imponentes.
Una de los cuadros más conocidos de Maigua y visto
por miles de personas es el ubicado en el Aeropuerto Internacional “Simón
Bolívar” de Barcelona, una obra que trata de la ruptura de un mapa por bestias
que junto a otras, llegaron y se llevaron todo cuanto encontraron a su paso.
Esa obra lleva por nombre Cartillas de América.
Sus magnifico arte está caracterizado por mostrar
una fusión de colores intensos y trazos
audaces y armónicos.
Cuenta que Muchas de sus obras representan
experiencias de vida. “En mi cabeza las ideas fluyen con sólo estar en la plaza
Bolívar de Barcelona y ver el caminar de la gente, oír sus risas, ver a un niño
sonreír, hablar con la comunidad”.
Todo lo que veo, son imágenes que como miles de
fantasmas me rodean y me permiten tener grandes visiones. Éste artista
polifacético no sólo puede pintar obras en lienzo y de bolsillo en alguna plaza
donde fortuitamente le llegó la inspiración, sino que escribe versos, poemas y
hasta libros que según él están escritos en su mente y su corazón. “Mi cabeza
está llena de historias que escribo
mentalmente pero que aún no llevo al papel”.
A la edad de 24 años conoce a su prima Carmen
Luisa Maigua, una caraqueña de 36 años
emprendedora y luchadora social. Cuenta que se hicieron amigos para toda
la vida. “Carmen Maigua fue la primera en creer en mis obras, por ella soy
quien soy”.
Dice que la familia de la señora Carmen es muy
numerosa, pues ella tiene cinco hijas y cuatro hijos y que prácticamente la
familia se volvió parte de él. “ellos son todo para mí, sin ellos no tengo
nada, con ellos lo tengo todo”.
A pesar de nunca haber tenido esposa y el no tener
herederos biológicos, los hijos de sus familiares son como suyos. Vio crecer y ayudó en la crianza de
Alejandro y Fabiana, dos de los más de 50 nietos que tiene la mujer que admira:
Carmen Luisa Maigua. “soy como un tío para todos ellos, hasta la bendición me
piden”.
Pero este pintor se alegra por algo, y es caminar
por la calle y encontrarse con gente buena que regala lo suyo para ayudar a
otros, aprende cada día de ello, pero también aprende al observar la maldad que
existe día a día. ”Muchos piensan que yo vivo en un mundo de fantasías, pero
todo lo contrario, estoy al tanto de lo que ocurre en mi país y en el mundo, no
me gustan las injusticias, lucho por una sociedad mejor y un país en donde no
haya distinción política y todos seamos hermanos”.
El sueño de Enrique Maigua no es otro que “Seguir
pintando hasta que se me acabe el pincel”. Dice que a pesar de los
reconocimientos y halagos que ha recibido por su gran labor artística en
Anzoátegui, no se siente satisfecho de las obras que ha creado.
A pesar de su mayoría de edad dice que quiere ser
el mejor en todo lo que hace y hará en el futuro. “soy perfeccionista, no
quiero alcanzar la gloria. Para mí la
gloria es un pecado. Mi alegría es el reconocimiento que me da la gente como
artista”.


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